Dime qué dolor pasado tienes y te diré cómo alterará al actual

Da igual que sea solo una molestia y que me lo expliquen, si tengo una historia pasada de dolor crónico, voy a esperar que duela más. Y, definitivamente, me dolerá.

 

Como parte de la catastrofización del dolor está la expectativa de dolor. / Shutterstock.

Como parte de la catastrofización del dolor está la expectativa de dolor. / Shutterstock.

7 de marzo de 2025.

A lo largo de los años, se ha observado en distintas investigaciones que ciertas características psicológicas pueden ser factores de riesgo o factores que dificulten la mejora o curación del paciente. Entre estos factores psicológicos se encuentra la ansiedad, la depresión y la catastrofización de dolor.

La catastrofización de dolor se refiere al conjunto de pensamientos exagerados negativos que tiene el paciente respecto al dolor que está sufriendo en el presente o de forma anticipada. Esta forma de afrontar el dolor puede llevarnos a un aumento del sufrimiento, del miedo y de la percepción del mismo.

Como parte de la catastrofización de dolor, podemos hablar de la expectativa de dolor o miedo al dolor que esperamos sufrir. Así, posiblemente, el dolor que una persona espera puede ser similar al que percibe, ya sea porque se vea influenciado por la memoria de experiencias similares previas, la anticipación que podemos hacer o el condicionamiento previo debido a imágenes que podamos ver o las instrucciones verbales que nos den respecto al dolor que vamos a percibir.

Un ejemplo de imágenes que podrían condicionarnos sería el instrumental que se va a utilizar en una intervención, como podría ser una extracción de un diente. Este instrumental puede causarnos miedo, ansiedad y esto llevarnos a una idea anticipada de que la extracción del diente va a ser dolorosa. En el experimento clásico de Lazarus realizado en 1966, observaron que la mera expectativa de recibir un pinchazo producía la misma ansiedad y malestar que el hecho de recibirlo. De forma similar, la expectativa de alivio podría ser la base del efecto placebo.

El caso especial del dolor crónico: cuando no vale evitar la palabra

En un estudio que hemos realizado recientemente, hemos analizado cómo puede influir la expectativa de dolor y la expectativa de no dolor tanto en pacientes con dolor crónico en los músculos de la masticación como en personas que no sufren dolor.

Cuando hablamos de expectativa de dolor, nos referimos a dar la instrucción al paciente de que va a percibir un gran dolor, aunque se realiza una presión en el musculo masetero de la mandíbula leve. Sin embargo, en la expectativa de no dolor, aunque la presión es la misma, la instrucción que recibirá evita la palabra dolor, y se habla de una presión muy ligera.

Desde el punto de vista de la respuesta fisiológica, la cual es más objetiva e inconsciente que la valoración del dolor, tanto pacientes con dolor crónico como controles presentaron mayor dilatación pupilar cuando se les crea una expectativa de dolor que cuando se habla de presión muy ligera ante la misma presión en el músculo masetero de la mandíbula.

Sin embargo, cuando preguntamos a los pacientes con dolor crónico por la sensación de dolor que han tenido, vemos que las instrucciones de no dolor, a pesar de ser las más realistas, producen el mismo o más dolor que las instrucciones de dolor. Por tanto, las instrucciones de expectativa de no dolor no fueron eficaces en estos pacientes, nos dicen que sienten más dolor, a pesar de que las instrucciones de dolor estaban menos ajustadas a la realidad que las de no dolor.

Estos pacientes quizá debido a su experiencia pasada de dolor esperan más dolor del que le describimos y por tanto las instrucciones no ayudan a cambiar sus expectativas. En concreto, los niveles de catastrofización con respecto al dolor eran más elevados que los del grupo control. Así los pacientes de dolor crónico quizá llegan a la clínica con una expectativa de dolor previa que prevalece por encima de las instrucciones que les damos.

Otra posibilidad es que a lo largo de las distintas exploraciones e interacciones con el personal sanitario se haya tendido a minimizar en exceso o a edulcorar el malestar que los pacientes sienten en dichas exploraciones. Esta experiencia pasada de “me dices que no va a doler, pero al final duele”, quizá pudiera estar socavando la credibilidad del mensaje que se les da en la expectativa de no dolor.

En conclusión, los profesionales de la salud deben dar las instrucciones más realistas y ajustadas posibles a lo que va a sentir el paciente, pero sin alarmarle, evitando en lo posible la palabra dolor, pero siempre manteniendo la honestidad. Una relación de confianza muy sólida entre el profesional de la salud y el paciente puede ser una herramienta muy valiosa para contrarrestar de forma efectiva la catastrofización y las expectativas negativas que el paciente trae a la clínica debido a su historia pasada de dolor.

En contra de la catastrofización, los pensamientos positivos, la relajación y la seguridad en uno mismo y en el profesional que nos trata, podrían ser factores que nos llevaran a una disminución del sufrimiento y de la intensidad del dolor percibida.

 

Las autoras de este texto, María García González y Laura Jiménez Ortega son investigadoras del grupo Neurocen (Neuroscience of Emotion Cognition and Nociception) de la UCM. María García pertenece al Departamento de Odontología Clínica de la Facultad de Ciencias Biomédicas de la Universidad Europea de Madrid y Laura Jiménez al Departamento de Psicobiología y Metodología en Ciencias del Comportamiento de la UCM.


 

      
Unidad de Cultura Científica y de la Innovación
Oficina de Transferencia de Resultados de Investigación (OTRI)
Universidad Complutense de Madrid 
uccucm@ucm.es 
 
 
 

Con la colaboración de: